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Cuando se acabe el petróleo

Leyendo el sitio Crisis Energética encontré este interesante artí­­culo escrito por Andrés Buenfil Friedman, que es doctor en análisis de energí­­a y sistemas ecológicos de la Universidad de Florida, donde se refiere a los desafí­­os que el mundo debiera enfrentar si se acabara el petróleo. Muy interesante para que lo compartan con todo el mundo y pues aún podemos hacer algo.

El petróleo representa casi 40% de la energí­­a que consumimos globalmente y es, por mucho, el combustible que hace posible al mundo como lo conocemos.

Hagamos un experimento. Le propongo dejar, por unos instantes, este periódico y levantar la mirada para imaginar como serí­­a nuestro mundo sin petróleo. Ahora, mandemos a un hoyo negro imaginario todo lo que está elaborado con petróleo, empezando por los objetos que contengan plástico en cualquiera de sus formas. Allá van la muñeca de su hija, la pluma con que escribe, la mitad de su camisa de 50% algodón/ 50% rayón, el teléfono y la computadora. Veamos desaparecer, ahora, su desodorante, la pintura de las paredes, el asfalto de la calle … sus lentes y estas letras. Supongamos que la tinta no está hecha a base de petróleo y continuemos, pero antes prenda una vela porque se acaba de ir la luz: 45% de la electricidad en México se genera con petróleo. Si vive en un edificio, eventualmente tampoco correrá el agua, que se bombea con electricidad, por las tuberí­­as.

Eliminamos todos los productos sintéticos, y el mundo aún no se ve tan diferente. Ahora desaparecen esas cosas que han debido transportarse largas distancias para llegar a nuestras manos ya que más de 95% y 85% del transporte en México y el mundo, respectivamente, dependen del petróleo. Le sugiero leer las etiquetas: allá van los pantalones de tela brasileña manufacturados en Bangladesh y la camiseta hecha en El Salvador. Pero ni sus zapatos, orgullosamente mexicanos, se salvan, porque además de que contienen suelas de hule chino y pegamentos y tintes a base de petróleo, el cuero con que están hechos debió transportarse a la fábrica en León Guanajuato, de ahí­­ a la bodega, luego al punto de venta y de ahí­­ a su casa. Elimine entonces todo lo que requiere transportarse. Allá va, también, la otra mitad de su camisa.

Aunque ahora estamos medio desnudos, queda la mesa de madera (sin barniz) y el apetitoso plato de enchiladas que estaba a punto de desayunar. Hasta que consideramos que la madera se corta con motosierra de gasolina y se requiere transportarla del bosque al taller del carpintero que trabaja con herramientas eléctricas. “Está bien, pero las enchiladas no”, debe estar pensando a estas alturas, “la comida no puede venir del petróleo”. No, la comida no, pero sí­­ los pesticidas, los fertilizantes y el diesel para mover el tractor y bombear el agua para sembrar y regar el maí­­z, los tomates y la cebolla. Los pollos, por su parte, crecieron en cajones de plástico bajo una constelación de focos y, finalmente, todo fue transportado. Entre más industrializado es un alimento, más petróleo se emplea en su elaboración, como sucede con la mayorí­­a de la comida que se consigue en el supermercado. De todos modos, las enchiladas frí­­as no son muy sabrosas que digamos, y recuerde que el gas LP es Licuado de Petróleo.

¿Por qué imaginar un mundo sin petróleo si todaví­­a quedan alrededor de 1 billón 200 mil millones de barriles en el planeta?

La razón es sencilla: a pesar de que todaví­­a queda un poco más de la mitad del petróleo convencional que la naturaleza creó en eras geológicas anteriores, éste va a ser cada vez más difí­­cil y caro de extraer porque el petróleo fácil y barato de producir ya se consumió.

Aunque se invierta más en exploración, cada vez se van a descubrir yacimientos más pequeños porque todos los grandes fueron descubiertos hace medio siglo (Gráfica 1), así­­ como los mejores asientos en el cine se ocupan primero o las mejores tierras se cultivan antes que las peores. Desgraciadamente, sólo millones de años de condiciones ecológicas y geológicas muy particulares pueden crear más petróleo o cualquier otro recurso fósil. Actualmente se descubre sólo un barril de petróleo por cada cinco que se consumen a nivel mundial.
gráfico

A este fenómeno se le conoce como pico de produccion del petróleo, un término ideado por el geofí­­sico estadunidense M. King Hubbert, quien encontró que la extracción petrolera se puede graficar como una campana (donde la base representa los años y la altura, la producción petrolera). Cuando ya se ha extraí­­do la mitad del petróleo, se ha llegado al punto más alto de produccion (la cúspide de la campana) y pronto comienza un irremediable declive. En 1956 Hubbert predijo correctamente el pico de petróleo de los Estados Unidos, que ocurrió a principios de los años setenta. Actualmente más de 50 paí­­ses productores, incluyendo México, ya pasaron su pico de producción y queda sólo una decena de paí­­ses con capacidad de aumentarla. Este modelo de extracción de recursos fósiles, así­­ como el hecho de que el petróleo barato se está acabando, es algo bastante aceptado por la comunidad cientí­­fica y, cada vez más, por la industria petrolera. La controversia se centra no tanto en si la produccion de petróleo va a llegar a su cenit, sino en cuándo ocurrirá. La Asociación para el Estudio del Pico de Petróleo y el Gas (ASPO por sus siglas en inglés) estima que el pico mundial ocurrirá en 2007, 10 años después de lo predicho por Hubbert. Por otro lado, hay quienes aseguran que ya estamos en el pico de producción, y es que el problema principal para predecirlo con certeza es que la mayorí­­a de los paí­­ses no dan cifras verdaderas o inflan los reportes de sus reservas para aumentar sus cuotas de producción o para atraer inversionistas. Bajo esta óptica, habrí­­a incluso menos petróleo de lo que se cree.

Al ritmo en que se consumió petróleo mundialmente en 2004 (cerca de 29 mil 300 millones de barriles) nos acabarí­­amos lo que queda en menos de 40 años. Aunque resulte difí­­cil de creer, para México la situación es, incluso, peor. Se estima que en nuestro territorio sólo quedan aproximadamente 15 mil millones de barriles. Al ritmo actual de producción, que asciende a cerca de mil 400 millones de barriles al año í‚­de los cuales vendemos casi el 45% a Estados Unidosí‚­ el petróleo mexicano no alcanzarí­­a ni para 11 años más. Sin embargo, debido a que, como mencionamos antes, el petróleo que va quedando es cada vez más difí­­cil de extraer, serí­­a imposible mantener tal nivel de producción y, al producir menos, se extiende la vida de los yacimientos.

Por más que Pemex invierta en exploración, sin importar si el dinero es federal o privado, las reservas de petróleo no van crecer lo suficiente para siquiera incrementarse en un 50%, que equivaldrí­­a a menos de seis años (al ritmo actual de producción). Lo alarmante no es que en casi una década podrí­­amos perder cerca de la cuarta parte de los ingresos para el presupuesto federal o que, entonces, tendrí­­amos que importar petróleo a, quizás, 300 dólares o más el barril (en lugar de prácticamente “regalárselo” a Estados Unidos, como ahora), sino que ¡casi nadie está hablando de esto en el paí­­s! Y como, irónicamente, dice un reciente anuncio de la Secretarí­­a de Energí­­a : “un paí­­s con energí­­a es un paí­­s con futuro”.

Lí­­deres geopolí­­ticos como el presidente de Estados Unidos, George W. Bush y su vicepresidente, Dick Cheney, saben perfectamente que el petróleo es el combustible que alimenta el motor de la economí­­a y, por lo tanto, que su escasez destrozarí­­a el estilo de vida americano. Estados Unidos, con 5% de la población mundial, consume 25% del petróleo que se produce en el mundo, y del cual importa la mitad.

Aproximadamente, 62% del petróleo que queda en el mundo se localiza en el Medio Oriente, siendo Arabia Saudita el paí­­s con las mayores reservas (262 mil millones de barriles). Sin embargo, algunos expertos como Mathew R. Simmons, consultor petrolero y autor del libro Crepúsculo en el desierto, el shock del petróleo que viene y la economí­­a mundial, consideran que ese tí­­tulo le corresponderí­­a a Irak (115 mil millones de barriles) debido a que las reservas Saudí­­es son en realidad mucho menores a las que reportan.

Como bien lo demuestra la invasión a Irak, el control de las reservas restantes es cuestión de vida o muerte no sólo para el imperio estadunidense, sino para toda la humanidad. Los sistemas financieros y económicos del mundo moderno están basados en el crecimiento perpetuo. Se nos hace normal que la economí­­a crezca al menos en un 3% cada año, lo que conlleva a duplicar la demanda de recursos cada 23 años (China, con un crecimiento de 10% anual, duplica su demanda cada siete años). Nos hemos empeñado en creer que estos modelos de crecimiento constante son la realidad, algo así­­ como confundir el mapa con el territorio, cuando en un mundo biofí­­sico finito, el crecimiento perpetuo es imposible.

En gran medida, esta miopí­­a hacia la realidad biofí­­sica se debe a que desde principios de la revolución industrial nos hemos dedicado a vivir í‚­y crecerí‚­ aceleradamente de la cuenta de ahorros que nos apropiamos de la tierra (primero fue con el carbón y después con los hidrocarburos). Gastamos cientos de veces más rápido de lo que se generan los ingresos sustentables del planeta (energí­­a renovable) y como nunca habí­­amos llegado al lí­­mite, donde los ahorros apenas alcanzan para pagar la cuenta de nuestro consumo global, no tenemos una referencia histórica a nivel planetario de sus implicaciones. Siempre se acababan los ahorros (fertilidad de suelos, minerales, bosques, peces, etc.) localmente, pero en esta era global la insuficiencia del principal combustible de la economí­­a neoclásica propiciarí­­a, tarde o temprano, el colapso de los sistemas financieros y mercados internacionales. Esto conllevarí­­a a una depresión económica mundial que generarí­­a todo tipo de conflictos, como desestabilizaciones polí­­ticas y sociales, inflación y desempleo masivo, crimen, guerras, migración masiva y hambrunas.

Del otro lado de la moneda hay quienes aseguran que quedan 100 años más de petróleo. Este grupo consiste sobre todo de polí­­ticos y economistas que incluyen en sus cálculos el petróleo no convencional. Este es , por ejemplo, el que se encuentra en arenas asfálticas; o el petróleo pesado (parecido al chapopote); o el que se localiza fuera de la plataforma continental a grandes profundidades dentro del mar. Su producción es mucho más cara que el petróleo convencional y requiere de usar tanta energí­­a fósil (carbón, petróleo o gas natural) que la energí­­a neta resultante es casi nula, es decir, si se consumen directa e indirectamente 8 litros de petróleo para producir 10 litros, la energí­­a neta es de 2 litros solamente y por lo tanto, no conviene mucho producir ese tipo de combustible. Dependiendo del caso, la energí­­a neta, incluso, podrí­­a ser negativa. El problema es que si la energí­­a neta es negativa no sobra energí­­a para propiciar crecimiento económico, independientemente del precio al que se venda el petróleo. Los avances tecnológicos pueden ayudar a aumentar la energí­­a neta y extender un poco el pico de producción pero no a crear más petróleo.

Aunque para la mayorí­­a de los polí­­ticos y los economistas 10 o 40 años son una eternidad, aún medio siglo serí­­a muy poco tiempo para cambiar nuestra adicción al oro negro y modificar toda la infraestructura basada en este efí­­mero recurso natural por una que utilice energí­­a renovable. Bien dicen los expertos que las actuales polí­­ticas energéticas gubernamentales para hacer frente a esta situación equivalen sólo a “reacomodar las sillas en la cubierta del Titanic”.

Por otro lado, existe la impresión generalizada de que cuando empiece la crisis del petróleo, el gas natural y la energí­­a alternativa (renovable) van a entrar al rescate. Esto, en primer lugar, es imposible y, en segundo, crea una sensación de que no hay gran problema, propiciando así­­ la pasividad de los medios de comunicación, la apatí­­a de los polí­­ticos y la ceguera de los empresarios. Es imposible, porque todo indica que el gas natural, que representa 24% de la energí­­a primaria que se consume a nivel mundial, va a llegar a su pico de producción, también, en unos 20 o 30 años (probablemente antes, si hay escasez de petróleo). Además, no tiene la misma versatilidad: el gas natural (metano) es el más simple de los hidrocarburos y no puede destilarse como el petróleo para derivar la infinidad de productos petroquí­­micos que usamos diariamente. La energí­­a renovable tampoco tiene la versatilidad del petróleo y como no hay reservas de sol, viento o de la fuerza cinética de las mareas, no se le puede sacar tanto jugo a la energí­­a renovable como a los almacenes geológicos de hidrocarburos.

Revisemos algunas de estas alternativas: la producción industrial de biocombustibles para sustituir a la gasolina, como en Brasil a base de caña de azúcar, o la biomasa para generar electricidad, son procesos sumamente dependientes del petróleo (siembra, irrigación, cosecha y transporte) y el gas natural (fertilizantes). A su vez, el hidrógeno que se usa en las famosas celdas de hidrógeno no es una fuente de energí­­a sino un transportador (carrier) de energí­­a y requiere de enormes cantidades de carbón o hidrocarburos para su producción, lo que resulta, nuevamente, en muy poca energí­­a neta como para propiciar crecimiento económico. Además, se requiere de energí­­a fósil, especialmente petróleo, para desarrollar e instalar cualquier alternativa; por ejemplo, para fundir sí­­lice en la fabricación de páneles solares o para producir e instalar turbinas eólicas. De igual forma, remplazar la flota mundial de vehí­­culos de combustión interna que utilizan diesel o gasolina por automóviles y camiones más eficientes, como el Prius de Toyota o los Hybrid de Honda, requerirí­­a por lo menos 45 mil 500 millones de barriles de petróleo para su producción (65 barriles para producir un Toyota Prius por 700 millones de vehí­­culos en el mundo).

A consecuencia del pico del petróleo seguramente vamos a ver un resurgimiento de plantas de fisión nuclear para generar electricidad. A pesar del reclamo de ecologistas por los altos riesgos de contaminación nuclear, así­­ como de los gobiernos que ven en ello el potencial de proliferación de armas de destrucción masiva, la energí­­a nuclear puede ser fundamental para cubrir el déficit de electricidad y mantener los sistemas de telecomunicación, el Internet, así­­ como servicios médicos y de educación. Además, como se requiere de mucha energí­­a, especialmente electricidad, para producir e instalar alternativas renovables, la energí­­a nuclear va a ser cada vez más importante para contrarrestar la escasez de petróleo. Sin embargo, aún el uranio, que se usa de combustible en la fisión nuclear, es un recurso finito.

Por su parte, la fusión nuclear parece ser la panacea energética ya que serí­­a bastante limpia y casi ilimitada. Desafortunadamente, después de medio siglo de extensa investigación, los cientí­­ficos todaví­­a están muy lejos de sostener controladamente este tipo de reacción por más de una fracción de segundo. En efecto, no existe material alguno en la Tierra que resista y contenga la temperatura de más de 10 millones de grados centí­­grados que ocurre cuando, como en el sol, dos átomos de hidrógeno se fusionan en uno de helio, detonando una reacción en cadena.

Aunque todo esto suena muy catastrófico y pesimista, entre más ignoremos este gigantesco asunto estaremos perdiendo preciado tiempo para empezar a tomar medidas drásticas que, literalmente, podrí­­an salvar millones de vidas. Es fundamental que tomemos conciencia de la gravedad de la situación y comencemos a conservar energí­­a, a invertir en alternativas renovables y, sobre todo, que empecemos a cambiar el actual paradigma egocéntrico y consumista por uno mas “ecocéntrico” y sustentable. En términos históricos es irrelevante si el pico del petróleo ya esta aquí­­ o si faltan 10 o 30 años, pues a estas alturas la única solución verdadera ante la inminente crisis energética que se aproxima es un cambio de mentalidad, una especie de revolución cultural a nivel planetario, una evolución de la conciencia humana.


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